Demolición del Hotel Yugoslavia, desaparece el símbolo de una época. Por Ines Kljaković Mišović.

Esta nota fue originalmente publicada en el periódico serbio «Nova» el 30/09/2024 y fue escrita por la periodista Ines Kljaković Mišović . Aquí se ha realizado una traducción y transcripción del serbocroata por parte del Diego Hernando Gómez.

Se cambian los nombres de las calles y los aeropuertos; de los libros de historia desaparecen las personalidades, las ideas y sucesos enteros. El tiempo luce ya vencido para el Hotel Yugoslavia. Se materializan nuevas ideas sociales sobre la obtención de beneficios sin ningún tipo de escrúpulos.

Protesta frente al Hotel Yugoslavia. Foto Amir Hamzagić/Nova.rs

En una de las escenas memorables del film de culto, de David Lynch, “Carretera Perdida” el héroe, un psicótico que intenta crear una nueva identidad, sostiene: “Prefiero recordar las cosas a mi manera”. Una típica película al estilo de Lynch, misteriosa y oscura. 

Con esta introducción establecemos porque “El hotel de las Almas perdidas” responde a nuestra realidad. Como el héroe del film desea crear una ruptura con el pasado, así se destruye y demuele todo lo recuerda al viejo Estado y su legado, fuera este bueno o malo. La ironía es que el odiado camarada Tito, a quien se acusa de decidir sobre todo, verdaderamente imita, a través de un nuevo culto a la personalidad, a la persona creadora de nuestro destino colectivo (Aleksandar Vucic), que decide sobre todo. Y después de Tito, Tito. 

La pancarta dice «sobrevivió a la OTAN, sobrevirá a ustedes». Foto Amir Hamzagić/Nova.rs

Surge la pregunta acerca de la existencia de un plan maquiavélico para que todo aquello que fue símbolo de la modernización y emancipación del antiguo Estado yugoslavo, después del torbellino de la Segunda Guerra Mundial, sea aplastado en la tierra y de esa manera borrado de la memoria colectiva de la ciudad, y sus ciudadanos, y del Estados y sus habitantes. O se trata una vez más (hasta ahora quizás la más grande) de una caso de negocio inmobiliario y negligencia de las instituciones gubernamentales. Así están entrelazados los destinos de Yugoslavia, un país que desapareció y el hotel con el mismo nombre que pronto desaparecerá. 

¿Borrar los recuerdos también borra el pasado?

En los territorios de los países de la ex Yugoslavia el patrimonio que representan los monumentos y la herencia cultural del viejo país han sido, durante décadas, permanentes y reconocidos blancos de la profanación física y la negación ideológica. Se cambian los nombres de las calles y los aeropuertos; de los libros de historia desaparecen las personalidades, las ideas y sucesos enteros. Las víctimas de estas tendencias son, junto a las personalidades históricas, algunos de los mejores hoteles del periodo. La gente y los edificios desaparecen con el impulso destructivo. A veces las razones son de naturaleza ideológica, a veces en cuestión está el interés material. El concreto caso de la demolición del Hotel Yugoslavia es el mejor ejemplo de la segunda causa. Todos los nuevos proyectos edilicios que se han levantado durante estos años surgen, en su esencia, de la materialización del nuevo concepto social basado en obtención inescrupulosa del beneficio, y en este sentido son la imagen de su creador.

Es una verdadera lástima que se demuela el Hotel Yugoslavia, porque encaja perfectamente con el sentido de la arquitectura y ambientación de la época; pero además fue concebido con ese fin. El hotel fue construido conjuntamente con el Palacio Federal (construido en 1959), con el edificio del Comitè Central (construido en 1964 hoy se levanta allí el centro comercial Ušće) y formó un todo siendo la encarnación de nuevas ideas y tendencias sociales relacionadas con el desarrollo de Nuevo Belgrado, como una nueva ciudad frente al casco antiguo de la vieja. 

Foto del interior del hotel Foto: Marina Pupavac/N1

El desarrollo de la arquitectura de la historia de la arquitectura nunca estuvo por fuera del contexto social y de las circunstancias históricas en las que se dio. La arquitectura es quizás, más que otras formas artísticas, un testigo del espíritu del tiempo en el que surge. La curiosidad y la apertura hacia algunos logros de Occidente se reflejaron en la arquitectura de Yugoslavia, que estaba imbuida de ideas modernistas y nuevas direcciones estéticas y contaba, además,  con el apoyo del sistema comunista. Así, junto a los poco atractivos edificios de apartamentos realistas socialistas, se construyeron hoteles que, en términos de apariencia y estética, no se quedaban atrás de los mejores hoteles europeos de la época en el estilo del internacionalismo.

En Belgrado el Hotel Metropol (del arquitecto Dragiša Brašovan) se comienza a levantar en 1958, y el Hotel Yugoslavia (del arquitecto Lavoslav Horvat) recibe sus primeros huéspedes en 1969. Esos hoteles, con un diseño «total» visible de todos los elementos, desde la fachada hasta el mobiliario del hotel, marcan un hito significativo en la consecución de la modernidad y el cosmopolitismo. 

Hotel Yugoslavia. Foto: Marina Pupavac/N1

Conjunto de hoteles vacíos

Este florecimiento creativo de Yugoslavia, en el mundo de la nueva y audaz arquitectura de cemento (ya fuesen monumentos, museos, complejos habitacionales del estilo Le Corbusier o grandes hoteles), fue de corto aliento.

Los edificios estatales fueron descuidados y abandonados como resultado de la desintegración del país y las guerras de los años noventa. Durante las guerras, muchos hoteles sirvieron de alojamiento para refugiados y desplazados en toda Yugoslavia. En el período turbulento, que siguió a las guerras, los hoteles estuvieron entre las primeras víctimas de la privatización y luego del urbanismo inversor, del que somos testigos hoy.

De todos los lugares olvidados y abandonados por los que pasamos, hay algo particularmente inquietante en los hoteles y complejos turísticos abandonados. Hace tiempo llenos de huéspedes y de vida, donde se escuchaba el golpeteo de los cubitos de hielo en las barras, ahora son lugares vacíos y abandonados.

Hotel Yugoslavia Foto: Marina Pupavac/N1

Otras perlas de la arquitectura hotelera de las antiguas repúblicas yugoslavas comparten el desafortunado destino del hotel. Por mucho que se insista en nuestras impugnaciones, todo indica que el olvido de nuestra propia herencia nos une más que lo que antes lo hacían la hermandad y la unidad. Esto es visible en lo que respecta a la relación con el valioso patrimonio de los complejos hoteleros y vacacionales (para los niños) modernistas que, o se vienen abajo, o son demolidos y en su lugar brotan  malezas silvestres o  edificios sin valor estético y de dudosa calidad constructiva.

Devastados y sin restaurar, los antiguos paraísos hedonistas del socialismo se están derrumbando. El Palacio Haludovo, en la isla croata de Krk, es probablemente el hotel abandonado más famoso de la antigua Yugoslavia, donde ahora acuden turistas y equipos de fotografía de todo el mundo para ver y registrar este antiguo, e incluso, actual milagro. El infame destino del decadente Haludov (del arquitecto Boris Magaš) lo comparten el elegante hotel mediterráneo Grand en Lopud ( del arquitecto Nikola Dobrović), así como numerosos complejos turísticos y complejos veraniegos para niños como el famoso Belgrado en Jelsa, en la isla de Hvar.

Hotel Yugoslavia Foto: Amir Hamzagić/Nova.rs

La ley protege, pero temporalmente

A diferencia de esos complejos en Croacia, de alto nivel estético y arquitectónico, que no recibieron protección, en Serbia la ley protegió, hasta hace poco, al Hotel Yugoslavia como un monumento cultural. 

Hasta 2011 el hotel «Yugoslavia» gozaba del estatus y la protección como monumento cultural. Entonces surge la pregunta: ¿ha disminuido su importancia cultural e histórica con el tiempo? ¿Puede el significado histórico-cultural de un objeto disminuir con el tiempo o, siguiendo la lógica de su categorización bajo protección, sólo puede aumentar con el paso del tiempo?

¡Qué pérfidas e ilógicas acciones hace el Estado, tras bambalinas, para que el todopoderoso inversor se apodere del lugar! La ley fue modificada expresamente para permitir la demolición del edificio del Hotel «Yugoslavia», y el hecho de que la oficina de diseño prometiera que la fachada del nuevo edificio evocará la fachada del edificio antiguo es un pequeño consuelo para la ciudad. Esta es toda la protección del patrimonio cultural.

Grupos de ciudadanos y ciertos partidos como el Frente Verde-Izquierda hicieron publicidad sobre la demolición prevista, pero no lograron animar a una masa crítica de ciudadanos que estuvieran en contra. Parece que ha caducado el tiempo, y con nuestra inercia y falta de voluntad para actuar, sabemos la respuesta: «Yugoslavia» será demolida este otoño, lo que ni siquiera las bombas de la OTAN lograron en la noche entre del 7 y el 8 de mayo de 1999, las autoridades gubernamentales harán con éxito en el 2024.

Como luciría el nuevo complejo hotelero

El espinoso camino de la transición de las empresas sociales a manos privadas, donde el único objetivo es el beneficio, es ciego ante los bellos ejemplos de la arquitectura y el arte en general.

Paralelamente a la demolición, también se está construyendo uno nuevo. Así, en el lugar del Hotel «Yugoslavia» está previsto que se levante un nuevo complejo hotelero residencial que será gestionado por el grupo Ritz-Carlton. Podemos estar seguros de que se parecerá a lo anteriormente visto en proyectos como “Belgrado sobre el agua “y similares. Lujoso, pero no original.

Con la disponibilidad de subvenciones concedidas por el Estado para la construcción de hoteles para la Expo 2027 (Expo Educación, Cultura e Innovación), podemos esperar decenas de nuevos hoteles  (según las estimaciones para las necesidades de la Expo, se estima que a Belgrado le faltan 4.000 habitaciones de hotel).

Con este nuevo paisaje arquitectónico, la adaptación de los edificios a las unidades ambientales, hasta la estética general. La nueva apariencia de Belgrado, sus nuevos distritos residenciales e incluso el hotel, podrían llamarse «Las Vegas», pero en un sentido peyorativo, porque en el mejor de los casos ofrecen una atracción instantánea de neón, que nada tiene que ver con la autenticidad de la ciudad.